domingo, 10 de abril de 2011

El enigma de Edipo o hacia una nueva Cosmovisión del Fenomeno Humano


El mito de Edipo

Narra la mitología griega que la ciudad de Tebas tuvo una vez por soberano a un hombre llamado Layo quien, al sentirse desgraciado por no poder engendrar un hijo con su esposa Yocasta recurrió por consejo, como era costumbre en aquella época al oráculo de Delfos. Al ser consultado, el oráculo le comunico lacónicamente que una desgracia mayor le estaría aguardando de lograr cumplir con sus deseos, pues estipulado estaba; que sobre su hijo pesaría el nefasto hado de darle muerte a él y desposar a su mujer. Advertido, Layo esquivo la concepción, pero Yocasta embriagándole logro acostarse con él y dar a luz con el tiempo a aquel hijo maldito.

Horrorizado por tal descubriendo el rey en un intento por enmendar la falta de su esposa ordenó a un súbdito suyo que le propinase la muerte al infante, éste atormentado y desgarrado por la obediencia jurada a su rey y por la compasión despertada por el niño, opto por abandonarlo en el monte Citerón. Para tal fin atravesó con un clavo sus pequeños talones y paso por ellos una tira de la cual se sirvio para colgarlo a un árbol.

Un pastor atraído por el llanto del niño lo recoge y lo lleva a Pólibo rey de Corinto quien al no poder concebir descendencia con su esposa Peribea acogen y crían con amor al pequeño a quien dan el nombre de Edipo que significa “de pies hinchados” (secuela de la acción a que fue sometido).

Al crecer pronto Edipo se destaca por su destreza, fuerza e inteligencia creando envidias entre la juventud Corintia, uno de estos jóvenes en una discusión le insinúa su origen ilegitimo. Edipo apesadumbrado trata de corroborar la versión con los reyes a quienes tomaba por padres naturales, estos lo niegan todo, pero no logran arrancar con ello las dudas del joven príncipe.

Edipo decide entonces preguntarle al famoso oráculo de Delfos quien le respondió para su sorpresa que su destino era matar a su padre y acostarse con su madre. Movido por el gran afecto que sentía hacia Pólibo y Peribea se resuelve a huir lo más lejos posible de ellos para evitar así la que creía ser la única posibilidad de llevar a cabo el execrable crimen.

En uno de los caminos que tomo como escape, se topo con un carro elegante que le obstruyo el paso, las circunstancias degenerarían pronto en violencia y Edipo da muerte a su ocupante y a uno de sus guardias. Sin saberlo cumplía así con la primera parte de la profecía pues aquel ocupante desconocido no era otro más que Layo (su padre) soberano de Tebas quien se dirigía al oráculo a consultarle sobre la forma de acabar con la monstruosa Esfinge que por aquel entonces se convirtió en el azote de su ciudad.

Ahora Tebas sin rey y atormentada por la esfinge, tomo la decisión de declarar que quien librase la ciudad de aquel monstruo le seria entregada como esposa a la viuda de Layo para que reinase junto a ella. La Esfinge era una figura que ostentaba la cabeza y el rostro de una mujer, el cuerpo de un león, una serpiente por cola y las alas de un águila. Proponía a los viajeros y ciudadanos que se topaban con ella en los alrededores de Tebas un oscuro enigma cuya no resolución les acarreaba una muerte horrorosa.

En su vagabundeo se encuentra Edipo con la Esfinge quien inmediatamente dispuesta a devorarle le formula su enigma;
- ¿Cuál es el animal que por la mañana
Tiene cuatro pies, dos al medio día y
Tres por la noche?

Edipo después de meditarlo profundamente responde;
- el hombre; pues anda a gatas en su
Infancia, camina sobre sus dos pies
En la edad adulta, y se apoya en un bastón en la vejez.

Resuelto el enigma, la esfinge termina por despeñarse a un abismo dándose muerte y así Edipo es aclamado como liberador y nuevo soberano de Tebas, además que Tomaba sin saberlo por esposa a su propia madre Yocasta cumpliéndose la otra parte de la profecía.

Pasado un tiempo una terrible peste asolara la ciudad de Tebas, consultado de nuevo el oráculo, este responde que solo tendrá fin cuando el asesino de Layo halla expiado su crimen. Las indagaciones pronto sacaran a la luz la cruel verdad que revela que no solo; Edipo fue quien le dio muerte, sino también que es su repudiado hijo y por la tanto esposo de su propia madre. Yocasta terminara por ahorcarse y Edipo se sacara los ojos con el broche del vestido de ella.

EL ENIGMA DE EDIPO

El mito de Edipo ha sido sin duda alguna una de las imágenes que más resonancia han tenido dentro del espíritu de occidente primero por que en el encontramos un profundo tratamiento del problema de la dualidad determinismo-libertad que tanto obsesiona al hombre y en segundo lugar por el énfasis que hará posteriormente el psicoanálisis freudiano de la realidad representada por el triangulo relacional-erotico conformado por el Padre (Layo)-el Hijo (Edipo)- y la Madre (Yocasta) y su papel en el desarrollo de nuestra personalidad.

Sin embargo es la escena del enfrentamiento de Edipo con la Esfinge la que considero guarda un mayor contenido (no por casualidad las representaciones pictóricas se centran en ella). La respuesta del enigma de la Esfinge se nos presenta como un nuevo Enigma (un enigma que desplaza a otro). La Esfinge se abisma y deja su lugar a Edipo quien formula desde entonces a los viajeros y exploradores del espíritu el lacónico enigma; ¿Qué es el Hombre?

Contemplamos hoy a Edipo con la misma fascinación con la que él a su vez contemplo a la esfinge.
-EL HOMBRE… (¡Pronuncia Edipo!)

Y mientras no consigamos dar una repuesta a aquel enigma corremos el riesgo de morir devorados por nuestra propia ignorancia.